"Si siempre haces lo mismo, no esperes resultados diferentes"
Albert Einstein.
Era la cita perfecta para cualquier persona emprendedora, en este caso una mujer de a pie, no muy diferente a las demás pero sí, algo excepcional. Llevaba un largo tiempo imaginando un mundo mejor, pero no como el típico tópico al que alguien se aferra para soñar, más bien como una revolución innata que afrontar. A pesar de exasperarle la estupidez humana, sentía cierta compasión generalizada por una especie que creía en futura vía de extinción.
Creía firmemente en la posibilidad de una cambio a modo global, y aunque no sería tarea fácil, ya tenía hecho un esquema bien organizado por el que empezar.
En posesión de todas sus ideas y teorías fue conectando con cada uno de los personajes que aparentaban estar destinados a representar y movilizar el mundo. Su propuesta era clara y firme, quería una revolución pacífica, dar otra perspectiva, otro punto de mira y empezar por el primer paso y más importante, reunir a mujeres de mente "sentipensante" de todo ámbito educativo y laboral, en un certámen presidido por los más altos doctorados en la investigación de la mente humana. No se trataba de ningún colectivo o movimiento feminista, muy al contrario, quería demostrar que sin ningún tipo de prejuicio la mujer está tan dotada de genialidad como cualquier hombre. No creía en las etiquetas que impone el machismo o el feminismo, pero sí creía en lo que realmente somos, en esencia humanos. Ante el gabinete de mentes pensantes que logró reunir empezó así su exposición mientras todos escuchaban con atención:
-Por primera vez, pretendo un mundo presidido y dirigido por mujeres. A pesar de que cada persona o sexo está dotado de unas habilidades concretas, hasta ahora la oportunidad se ha dado mayormente al hombre, es hora de mostrar por igual la firmeza y nobleza que posee la mujer, además de su cualidad innata por saberse de una naturaleza protectora hacia todo lo nato.
El estudio que propongo se basa en la seguridad a nivel personal y mundial, por lo cual hay que asegurarse primero de qué tipo de persona ponemos a cargo de liderar cualquier tipo de actividad social.
En el certamen que ya está dispuesto para mediados de año, se examinará a toda mujer presencial a nivel personalizado. Tendrá que realizar un test psicotecnico que indique fehacientemente que posee un CI igual o superior a 130.
Se evaluará su capacidad de permanecer atenta a cualquier estímulo, capacidad de organizar la información, extraer conclusión y buscar solución de manera rápida y efectiva. Ha de distinguir formas y poder navegar correctamente por el espacio en una aptitud que ayude a orientar y comprender lo que sucede a nuestro alrededor. Ha de comunicarse de forma eficiente, sabiendo comprender y expresar lo que piensa y piensan los demás a gran velocidad. También tendrá que realizar un test de personalidad, estudiando a fondo las 16 personalidades de las que puede o no disponer rasgos significativos. Sea de personalidad ejecutiva, emprendedora, proveedora, animadora, moral, reservada, protectora, tranquila, de liderazgo, innovadora, carismática, sociable, pensativa, reflexiva, consejera o altruista, no vale que tenga la actitud si no la acompaña la aptitud. Tenemos que asegurarnos mentes abiertas, inquietas, rápidas y globales.
También propongo que toda esa economía malgastada en imaginar que podemos poblar Marte, se destine al bien común, que no es otro que proteger y cuidar el planeta en el que vivimos, el único posible hasta ahora. Una vez salvado el nuestro, quizá en un futuro se pueda jugar de nuevo a creer que no sólo podemos poblar otros planetas sino hasta incluso viajar a ellos como quien viaja al país vecino, podría ser posible pero hasta entonces, mejor invertir en dejar un mundo mejor para nuestros hijos, y mejores hijos para nuestro mundo.
El porvenir es incierto, pero si permitimos que se haga algo diferente nos procuramos por lo menos no tener el mismo resultado. Sabremos que en esta ocasión quien está al mando, sabe lo que dice y hace.
Alguien anónimo pretendía cambiar el mundo en base a un corto pero claro y conciso discurso. No hubo aplausos, pero sí incredulidad y admiración. Incredulidad porque parece ser que la voz de una persona de a pie no tiene mérito alguno, admiración porque el hecho de que el discurso no valiera quizá un duro, alguien anónimo fue capaz de movilizar al mayor grupo de mentes pensantes que darían lugar a una nueva era, promovida por mujeres.







